Huejotzingo cuando termina la fiesta.

Huejotzingo cuando termina la fiesta.

Durante algunos días al año, Huejotzingo parece convertirse en otro lugar.

Las calles se llenan de música, pólvora, colores y personas. Los negocios cambian sus horarios, las familias se reúnen, aparecen los trajes y todo comienza a moverse alrededor de una misma celebración. Incluso quienes no participan directamente saben que durante esos días la rutina deja de ser rutina.

El carnaval es probablemente lo primero que muchas personas imaginan cuando escuchan el nombre de Huejotzingo. Y tiene sentido: es grande, ruidoso, antiguo y difícil de ignorar.

Pero Huejotzingo no existe solamente durante el carnaval.

Cuando la fiesta termina, los trajes se guardan, las calles se vacían y el sonido de la pólvora deja de sentirse durante todo el día. Las personas vuelven al trabajo, los comercios recuperan sus horarios habituales y el centro vuelve a parecer el mismo de siempre.

Aunque quizá no sea exactamente el mismo.

Después de varios días de tanto movimiento, la tranquilidad se siente diferente. Es como cuando tienes visitas en casa durante mucho tiempo y, cuando se van, todo parece demasiado silencioso. Los muebles siguen en su lugar, las habitaciones son las mismas, pero durante unos instantes las observas de otra forma.

Algo parecido sucede aquí.

Durante el carnaval, las calles se convierten en escenario. Cuando termina, vuelven a ser el camino al mercado, al trabajo, a la escuela o a casa. Los espacios que hace unos días estaban llenos de personas recuperan su función cotidiana y la vida continúa como si nada hubiera ocurrido.

Pero sí ocurrió.

Quedan las conversaciones sobre lo que pasó, las fotografías, las anécdotas y algunas manchas de pólvora que tardan un poco más en desaparecer. Quedan también los trajes que deberán repararse, las piezas que tendrán que reemplazarse y las ideas para el siguiente año.

Porque el carnaval no empieza cuando se escucha el primer disparo ni termina cuando las calles se vacían.

Para muchas familias es un ciclo que ocupa gran parte del año. Está en el tiempo dedicado a preparar un traje, en quienes conocen cada una de sus piezas, en las conversaciones sobre cómo se hacía antes y en los niños que comienzan a entender el lugar que algún día podrían ocupar dentro de la tradición.

Mientras algunas personas esperan el carnaval como una celebración, otras lo construyen poco a poco.

Quizá eso sea lo más interesante de Huejotzingo cuando termina la fiesta: descubrir que la tradición sigue ahí, incluso cuando ya no se puede escuchar.

No siempre aparece de forma evidente. A veces está guardada dentro de una caja, colgada en una habitación o presente en una conversación familiar. Parece descansar, pero en realidad solo está esperando su siguiente momento.

Huejotzingo vuelve a su ritmo habitual, sí, pero no deja completamente atrás lo que ocurrió.

La fiesta termina en las calles mucho antes de terminar en la memoria.

 

-TEXTO POR PLAG

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